Palabras prohibidas: Cómo enseñar a un loro a no decir malas palabras

By tvaryny
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Imagina la escena: una cena familiar, invitados respetables, reina una atmosfera acogedora. De repente, desde la jaula en el rincón sale una palabra fuerte y clara que hace sonrojar hasta a los adultos. Tu querido loro, al que con tanto esmero enseñaste a decir «Hola», ha decidido presumir de su vocabulario «clandestino». ¿Te suena? No eres el único. Este es uno de los problemas más comunes a los que se enfrentan los dueños de aves parlanchinas – desde periquitos hasta los intelectuales yacos. La buena noticia es que el comportamiento del ave se puede corregir, aunque eso nesecitará paciencia. La mala es que los loros no entienden el concepto de «vergüenza», por lo que los sermones morales aquí no sirven de nada. En este artículo analizaremos la única estrategia de reeducación que funciona, basada en la zoopsicología. Lee más sobre esto en Tvaryny.

¿Por qué el loro elige precisamente «esas» palabras?

Antes de empezar el «tratamiento», es vital entender la causa de la «enfermedad». Los loros no aprenden palabrotas para ofenderte. Para ellos, una grosería es simplemente un conjunto de sonidos con una propiedad única: provoca una reacción.

En la naturaleza, los loros son criaturas sociales. Aprenden a comunicarse imitando los sonidos de la bandada. En tu piso, la «bandada» eres tú. La gente suele pronunciar las palabrotas:

  • En voz alta.
  • Con claridad.
  • Con carga emocional (con expresividad).

Para el ave, es la señal auditiva ideal. Piensa: «¡Vaya, cuando el dueño se dio con el martillo en el pie, hizo un sonido muy interesante! Tengo que recordarlo, debe ser algo importante para la comunicación». El loro es un espejo del fondo emocional de tu hogar. Por cierto, la capacidad de tu mascota para recordar y reproducir palabras depende de su nivel de inteligencia, así que te invitamos a ver nuestro ranking de las especies de loros más inteligentes.

El error principal de los dueños: La trampa del refuerzo emocional

Lo peor que puedes hacer cuando el ave dice una mala palabra por primera vez es reírte o empezar a gritarle.

Regla de oro: Cualquier atención (positiva o negativa) es un premio para el loro.

Si te ríes, el ave entiende: «He divertido a la bandada, soy un buen chico».
Si gritas «¡Cállate!» o corres hacia la jaula agitando los brazos, el ave piensa: «¡Genial! Hice un sonido y empezó un juego divertido, el dueño me está prestando atención».
Incluso una mirada severa puede percibirse como un incentivo. Es por eso que las palabrotas se fijan mucho más rápido que las frases «educadas».

Estrategia de «Ignorancia Total»: Cómo borrar la palabra de la memoria

Para desacostumbrar al loro de decir groserías, hay que hacer que esa palabra sea «aburrida». Debe dejar de funcionar como herramienta para llamar la atención. Esta técnica se llama extinción.

Este es el algoritmo de acción cuando oigas la palabra prohibida:

  1. Congelación instantánea. No mires al ave. No gires la cabeza. No cambies la expresión de tu cara.
  2. Silencio. No digas «shhh», «no» o «quieto». Silencio total.
  3. Romper el contacto. Si el ave está en tu hombro, bájalo en silencio y ponlo en la percha o en la jaula. Luego date la vuelta o sal de la habitación durante 1-2 minutos.

Es duro para un animal social, pero es la única forma de mostrarle: «Este sonido provoca la desaparición de mi humano favorito». Si el loro entiende que las palabrotas llevan a la soledad, dejará de gastar energía en ellas.

Método de sustitución: Un clavo saca otro clavo

Ignorar no es suficiente, especialmente si la palabrota ya se ha convertido en un hábito. Tienes que darle una alternativa. Esta situación requiere sustituir el sonido «malo» por uno «bueno».

Los loros suelen decir palabrotas en situaciones concretas: cuando llegas a casa, cuando suena el teléfono o cuando quieren comer. Identifica el detonante y ofrécele otra palabra.

Ejemplo:
Cada vez que el loro vaya a soltar una palabrota (o si sabes que está a punto de hacerlo), adelántate y dile, por ejemplo, «¡Hola!» o silba una melodía agradable. Si el loro repite «Hola», monta una fiesta: felicítalo, dale golosinas, rascale el cuello.

Usamos el principio de competencia: el ave ve que la palabra «X» lleva a que lo ignoren, y la palabra «Hola» lleva a una nuez. La elección para él es obvia.

Juegos con sonidos

Prueba a enseñar al ave sonidos que sean físicamente imposibles de pronunciar al mismo tiempo que una palabrota. Puede ser:

  • Un silbido artístico.
  • El sonido de un beso.
  • Chasquear la lengua.

A las aves a menudo les gustan estos sonidos incluso más que las palabras, porque son sonoros y fáciles de imitar.

El factor aburrimiento: Cuando las palabrotas son un grito de ayuda

A menudo, los loros empiezan a vocalizar (gritar o decir palabrotas) simplemente por aburrimiento. En la naturaleza, un ave pasa el 70-80% de su tiempo buscando comida. En la jaula, sin embargo, el comedero está lleno y no hay nada que hacer.

La solución – Enriquecimiento del entorno:

  • Juguetes de forrajeo. No pongas la comida simplemente en el comedero. Escóndela en bolsas de papel, cajas de cartón o juguetes especiales. Deja que el ave trabaje con el pico para conseguir la nuez, en lugar de usarlo para insultar al gato.
  • Rotación de juguetes. Cambia los juguetes de la jaula cada semana para que no se aburra.
  • Aprendizaje de trucos. Aprender órdenes como «gira», «dame la pata» o «trae» ejercita el cerebro del ave tanto como el ejercicio físico. Un loro cansado y satisfecho es un loro tranquilo.

¿Qué hacer con las visitas?

El momento más complicado son las visitas de amigos. Es casi seguro que los invitados se reirán al oír cómo el loro los manda a paseo. Esto puede echar por tierra semanas de trabajo.

Instrucciones para los invitados:

  • Adviérteles con antelación: «Ahora mismo estamos quitándole a Paco la manía de decir palabrotas».
  • Pídeles que ignoren completamente al ave si dice groserías.
  • Si la situación se descontrola, es mejor tapar la jaula o llevarla a otra habitación mientras dure la visita para no reforzar el comportamiento no deseado.

Conclusión

Desacostumbrar a un loro de decir palabrotas es un maratón, no un sprint. El proceso puede llevar desde unas semanas hasta varios meses, dependiendo de cuánto tiempo lleve arraigado el hábito. Lo principal es recordar: el ave no tiene la culpa. Simplemente quiere tu atención. Dale esa atención de la forma correcta y la necesidad de usar vocabulario «sucio» desaparecerá por sí sola.

Sé constante, aguanta la risa y ten a mano golosinas para las «buenas» palabras. Tu amigo emplumado seguro que valorará las nuevas reglas del juego.

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