ES
Tvaryny › Perros › Perro de Carolina (Dingo Americano)
no reconocida por la FCI (tipo primitivo) · EE. UU.

Perro de Carolina (Dingo Americano)

El Perro de Carolina (Dingo Americano) es una población de vida libre del sur de Estados Unidos, descrita por ecólogos en los años setenta y solo después inscrita en los registros. El UKC la reconoció el 1 de enero de 1995 y la situó entre lebreles y perros paria; el AKC la mantiene en el Foundation Stock Service; la raza no figura en la nomenclatura de la FCI. La timidez ante desconocidos está escrita en el estándar como norma, no como defecto. La genética da un componente precolombino real pero parcial: las líneas maternas lo muestran, mientras que no se hallaron líneas paternas indígenas.
Altura
46–61 cm
Peso
aproximadamente 35–50 libras, es decir 16–23 kg
Esperanza de vida
12–15 años
Grupo FCI
no reconocida por la FCI
Perro de Carolina (Dingo Americano)
Fotos: 8

Valoraciones de la raza

Familia Niños Principiantes Adiestramiento Energía Salud Muda Babeo Ladrido Apartamento Clima Instinto de caza
Valoraciones exactas · 12
Familia 4.0 Niños 3.5 Principiantes 2.5 Adiestramiento 3.0 Energía 4.0 Salud 4.5 Muda 3.0 Babeo 1.5 Ladrido 2.5 Apartamento 2.5 Clima 4.0 Instinto de caza 4.5
Ventajas
Cuidado mínimo del pelo
Pulcro, casi sin olor
Independiente, resuelve bien problemas
Tranquilo en casa, fiel a su grupo
Desventajas
La reserva ante desconocidos está en el estándar
Fuerte instinto de caza: peligro para animales pequeños
Maestro de la fuga: exige un vallado serio
Necesita espacio y un propietario con experiencia
Tamaño
Compatibilidad
Apartamento · con reservas Niños · con reservas Gatos · no adecuado Otros perros Principiantes · con reservas

El Perro de Carolina, también llamado Dingo Americano, es un caso poco común en cinología: no es una raza moldeada por el ser humano para una tarea, sino una población de vida libre que primero describieron los ecólogos y que solo después entró en los registros. Los perros se localizaron en la década de 1970 en las tierras pantanosas y boscosas del sur de Estados Unidos, y por eso se puede hablar de ellos en el lenguaje de la genética de poblaciones y no solo en el de la leyenda racial. Más sobre perros en Tvaryny.

A la misma población se la llama Dingo Americano, dingo Dixie o sencillamente Perro de Carolina. Son nombres distintos de los mismos perros, no razas ancestrales separadas: una trampa fácil al leer relatos divulgativos.

Perro de Carolina (Dingo Americano): la raza en breve

Perro de Carolina (Dingo Americano)
Perro de Carolina (Dingo Americano): la raza en breve · 8
País de origenEstados Unidos (Carolina del Sur, Georgia)
Situación en los registrosUKC: reconocida desde el 1 de enero de 1995, grupo de lebreles y perros paria; AKC: Foundation Stock Service; no figura en la nomenclatura de la FCI
TipoPerro paria primitivo de origen libre
Esperanza de vida12–15 años (dato de la ficha de raza del AKC)
Altura a la cruz18–24 pulgadas, es decir unos 46–61 cm (estándar; no se separa por sexo)
Pesoaproximadamente 35–50 libras, es decir 16–23 kg (estándar)
Nivel de actividadAlto
Facilidad de adiestramientoExigente: requiere experiencia y paciencia

Dos organizaciones registran a estos perros en Estados Unidos. El United Kennel Club (UKC) reconoció al Perro de Carolina el 1 de enero de 1995 y lo situó en el «Sighthound & Pariah Dog Group», entre lebreles y perros paria; así consta en el texto del propio estándar del UKC, cuya revisión vigente lleva fecha de 1 de enero de 2023. El American Kennel Club (AKC) mantiene la raza en el Foundation Stock Service, el servicio de registro para razas todavía no admitidas en los grupos principales; en la ficha del AKC el año de reconocimiento pleno figura como cero, es decir, no existe. El estándar que publica el AKC no lo firma el propio club sino la asociación de criadores: «Breed Standard Per Carolina Dog Fanciers of America». La diferencia importa al lector: es la posición del club de la raza, no una decisión del AKC. El propio club fecha en su web la obtención de la condición de club matriz de la raza en el AKC en abril de 2022.

Cómo se encontraron: el Savannah River Site y la década de 1970

Perro de Carolina salvaje en su medio natural

La historia de esta población está atada a un lugar concreto. El Savannah River Site es una instalación del Departamento de Energía de Estados Unidos en Carolina del Sur con una extensión de 302 millas cuadradas (unos 780 kilómetros cuadrados). Alrededor de una décima parte está urbanizada para actividad industrial; las otras nueve décimas son ecosistemas de la Llanura Costera Superior: bosques de ribera, pinares, colinas arenosas, arroyos de aguas negras y más de 300 humedales geográficamente aislados. En 1972 el emplazamiento fue declarado primer National Environmental Research Park del país.

La ecología llegó allí antes que los perros. El Savannah River Ecology Laboratory (SREL) de la Universidad de Georgia remonta sus orígenes a 1951, cuando Eugene Odum inició un inventario biológico de la entonces Savannah River Plant por encargo de la Comisión de Energía Atómica. El terreno se describió metódicamente durante décadas, y fue el régimen de acceso lo que produjo algo que ningún campo corriente ofrece: una gran extensión a la que los perros ajenos apenas llegaban.

En la década de 1970 el ecólogo del SREL I. Lehr Brisbin Jr. detectó y empezó a capturar perros de vida libre en hábitats naturales del sureste de Estados Unidos, y así se los llamó Perros de Carolina. Esa formulación está tomada literalmente del apartado histórico de ambos estándares, UKC y AKC. El marco científico lo aportó el artículo de Brisbin y Risch «Primitive dogs, their ecology and behavior» en el Journal of the American Veterinary Medical Association (volumen 210, número 8, 15 de abril de 1997, páginas 1122–1126).

Lo que viene ahora es la parte más interesante de la página, y la más arriesgada para el lector.

…y qué se les atribuye a esos estudios

El relato divulgativo suena más o menos así: el Perro de Carolina sería descendiente directo de los primeros perros de América, una pieza de museo viva que ha llegado casi intacta. Eso es una afirmación más fuerte que cualquiera de las que hicieron los autores. Pongámoslas una al lado de otra.

Lo que suele escribirseLo que dicen realmente los artículos
«El origen precolombino está demostrado»Van Asch lo formula con cautela: la raza «puede» tener un origen asiático antiguo; se habla de la primera evidencia basada en ADN, no de una conclusión cerrada
«Desciende de los perros que cruzaron Beringia»Solo está confirmado que parte de las líneas maternas no son europeas. No se hallaron líneas paternas indígenas en perros americanos fuera del Ártico
«Los perros se conservaron intactos»La estimación autosómica es de un 10–35 % de ascendencia precolombina: la población está mezclada, no aislada
«Los genomas antiguos confirmaron el parentesco»El trabajo de 2018 halló la señal en tres perros y advirtió él mismo que no la distingue de mezcla con razas árticas actuales
«Es la raza más antigua de América»Ese mismo trabajo mostró que los perros precontacto de América casi desaparecieron tras la llegada de los europeos y dejaron una huella mínima en las poblaciones actuales

El resultado más revelador del trabajo de 2018 no trata de razas en absoluto: el linaje vivo más próximo a los perros precontacto de América resultó ser el tumor venéreo transmisible canino, un clon tumoral contagioso descendiente de un solo animal que vivió hasta hace 8 000 años. El tumor sobrevivió a los perros de los que salió.

La formulación honesta, la que estamos dispuestos a firmar: el Perro de Carolina es una población de vida libre con un componente precolombino real, pero parcial y sobre todo materno. Es material raro y valioso para la ciencia. No es un linaje antiguo ininterrumpido.

Para calibrar: los restos caninos datados con seguridad más antiguos de Norteamérica tienen unos 9 900 años calibrados y proceden del yacimiento de Koster, en Illinois; eso es unos 6 000 años más tarde que las pruebas inequívocas más tempranas de presencia humana en Norteamérica.

Dónde el registro se aparta de la ciencia

El apartado histórico de ambos estándares empieza igual: cuando los primeros humanos cruzaron el puente terrestre de Bering, los acompañaban perros primitivos que «podrían haber surgido de los inicios de la domesticación original de lobos de Oriente Medio». Esa es la posición del registro, y los datos actuales no la respaldan: según el trabajo de 2018 el linaje de los perros precontacto de América procede de Siberia, y Shannon y colaboradores defienden un origen centroasiático del perro en general. Escriba «el estándar señala», no «la raza desciende de».

Pero ese mismo estándar hace algo que rara vez se espera de un texto de club: se matiza a sí mismo. «Otros estudios apoyan esta hipótesis, aunque hacen falta más estudios de ascendencia y genética para llegar a una conclusión plenamente definitiva sobre su origen». El registro se niega expresamente a dar la cuestión por cerrada. Eso pesa más que cualquier comentario externo.

Y hay otro punto en el que el estándar refuta la leyenda más difundida de la raza. El parecido con el dingo australiano se ofrece como prueba de parentesco. El estándar lo explica de otro modo: los perros paria, también llamados perros de aldea, viven por todo el mundo en la periferia de los asentamientos humanos y «suelen tener orejas erguidas, hocico puntiagudo, cuerpo enjuto y cola en forma de anzuelo». El aspecto dingoide es, pues, la forma mundial del perro de aldea, no un certificado de pedigrí. Con el Perro Cantor de Nueva Guinea y el dingo australiano lo emparenta el modo de vida y el tipo de selección, no un linaje común documentado.

Tamaño: por qué las cifras bailan entre las guías

Aquí es donde la mayoría de páginas sobre la raza imprime números sin sentido, y la causa es muy concreta. Una misma organización publica dos conjuntos de medidas distintos.

FuenteAlturaPeso
Estándar del UKC (revisión de 1 de enero de 2023)18–24 pulgadasaproximadamente 35–50 libras
Estándar de la CDFA publicado por el AKC18–24 pulgadasaproximadamente 35–50 libras
Ficha de raza en la web del AKC17,75–19,5 pulgadas30–55 libras

Los dos estándares coinciden palabra por palabra. La ficha comercial del mismo AKC da una altura más estrecha y un peso más amplio. Lo que ocurre después es sencillo: el compilador toma el límite inferior de un conjunto y el superior del otro, y cita ambos «según el AKC». De ahí salen intervalos como «15–25 kg», que no figuran en ningún documento.

Nosotros tomamos el estándar: 18–24 pulgadas (unos 46–61 cm) y 35–50 libras (unos 16–23 kg).

Aparte, sobre los sexos. En las páginas de raza no suele poderse fundir la alzada de macho y hembra en un solo intervalo, porque los estándares dan cifras distintas. Aquí es al revés, y lo dice el propio estándar: «las hembras son por lo general de constitución más ligera que los machos, pero los sexos se solapan ampliamente tanto en tamaño como en peso». La ausencia de separación no es descuido del compilador: ambos estándares renuncian a ella deliberadamente. Los dos textos añaden que el tipo y la simetría importan más que el tamaño y que los perros sobrealimentados deben penalizarse.

Lo insólito de su conducta

Perro de Carolina (Dingo Americano): rasgos de conducta

Varios rasgos se transmiten de observador a observador desde las primeras capturas. Los damos como observaciones, que es lo que son, y no como constantes raciales documentadas.

  • Los «hoyos de hocico» (snout pits). Se describe que estos perros excavan en suelo blando pequeñas depresiones cónicas con el hocico en lugar de con las manos. La conducta se relaciona con la extracción de raíces o insectos y se observa incluso en animales criados lejos de su medio natural.
  • Un ritmo reproductivo anual. Se cuenta que las hembras suelen entrar en celo una vez al año, como los cánidos silvestres, y no dos. Encaja con el tipo primitivo, pero no hemos tenido en las manos una publicación específica de la raza con cifras, así que lo damos como observación.
  • Voz. Además del ladrido corriente, el repertorio incluye aullidos y sonidos prolongados: la manera habitual en que una jauría mantiene el contacto a distancia.

Lo que sí está firmemente documentado es el marco funcional de la propia raza. El estándar de la Carolina Dog Fanciers of America abre con una frase que prácticamente no existe en los textos raciales: existe para que la raza pueda seguir «sobrevivir y reproducirse por sí misma, sin ayuda humana, en el hábitat silvestre al que la ha adaptado la selección natural durante milenios». Y añade: la gravedad de cualquier falta se mide por su efecto sobre «la capacidad del perro de sobrevivir y reproducirse en su estado original de vida libre en condiciones naturales». No es una raza de compañía a la que se le ha añadido una biografía salvaje; es una población cuyo estándar está escrito en torno a la supervivencia.

Ivermectina y MDR1: por qué esto no va de esta raza

La afirmación de que «como muchas razas pastoras y primitivas, los Perros de Carolina pueden portar la mutación MDR1 y ser sensibles a la ivermectina» figuraba en esta página en todos los idiomas. La hemos quitado, y lo hacemos abiertamente, porque una afirmación médica atribuida a la raza equivocada hace más daño que su ausencia.

El fundamento no es que no hayamos encontrado algo, sino lo que dos publicaciones muestran en positivo.

  • Neff y colaboradores (PNAS, volumen 101, número 32, páginas 11725–11730, 2004) demostraron que la mutación mdr1–1Δ es un único alelo, idéntico por descendencia: todos los perros portadores descienden de un animal que vivió en Gran Bretaña antes del aislamiento genético de las razas por los registros, hacia 1873. La mutación marca la emergencia de las razas modernas a partir de perros pastores de trabajo, no el «tipo primitivo» como categoría.
  • Mealey y Meurs (Journal of the American Veterinary Medical Association, volumen 233, número 6, páginas 921–924, 2008) genotiparon 5 368 perros entre el 1 de mayo de 2004 y el 30 de septiembre de 2007. El alelo ABCB1–1Δ se identificó en nueve razas y en muchos mestizos. La lista se nombra explícitamente: collie, whippet de pelo largo, pastor australiano (estándar y miniatura), pastor de Shetland, bobtail, border collie, silken windhound y pastor alemán.

Lo importante no es la longitud de esa lista sino su lógica. Los dos lebreles que la integran, el whippet de pelo largo y el silken windhound, están ahí precisamente porque en su genealogía hay aporte de collie; Neff y colaboradores los llaman razas de las que no se esperaba parentesco con el collie. El marcador rastrea, pues, una genealogía concreta, no un tipo de constitución ni la «antigüedad» de una raza. El Perro de Carolina nada tiene que ver con esa genealogía.

Conclusión práctica para el propietario. Nada de esto significa que los antiparasitarios puedan darse al azar. Significa que no hay motivo racial para sospechar MDR1 en un Perro de Carolina en particular, y que la dosis y la elección del fármaco son preguntas para el veterinario, no para una página de raza.

Manejo: valla, espacio, pelo

Cachorros de Perro de Carolina

Un piso urbano estrecho es mala opción, y el motivo no es el tamaño del perro sino cómo está construido: es un animal cuyo estándar se escribió en torno a buscarse la comida por sí mismo en un territorio amplio. Necesita espacio para moverse e investigar, idealmente una casa con patio bien vallado.

  • El perímetro. Una empalizada corriente no es obstáculo. El vallado debe ser continuo y opaco, hundido en el suelo o con una banda antiexcavación, y con la parte superior inclinada hacia dentro. Planifique partiendo de que el perro buscará la salida, no de «probemos, quizá no lo intente».
  • La correa. No lo suelte en terreno sin vallar. El impulso de caza se dispara antes de que una orden llegue a surtir efecto.
  • Pelo. El cuidado es mínimo: cepillado una vez por semana y a diario durante la muda estacional. El estándar exige presentar al perro en estado natural, sin recorte ni tijera, y los bigotes no deben retirarse. Bañarlo solo cuando de verdad haga falta.
  • Uñas. Si el perro se mueve poco sobre suelo duro, las uñas crecen en exceso y estorban la marcha: vigile su longitud.

Conviene pensar de antemano en la convivencia con otros animales: el estándar describe al perro como un depredador de caza menor versátil e ingenioso. Un gato o un roedor pequeño en casa no es una cuestión de educación sino de diseño.

Datos curiosos sobre el Perro de Carolina

  • Un estándar escrito contra el acabado de exposición. El objetivo del estándar de la CDFA es preservar la capacidad de la raza de sobrevivir y reproducirse por sí sola. Al perro se lo presenta en estado natural, los bigotes se quedan y los ejemplares sobrealimentados se penalizan: lo contrario de la lógica habitual del ring.
  • Un lebrel con orejas erguidas. El UKC lo clasifica entre lebreles y perros paria, y ambos estándares exigen el «galope de doble suspensión», el aire de los lebreles verdaderos. Por fuera parece un spitz; por estructura no lo es.
  • Un haplotipo que no estaba en las bases de datos. A184, el haplotipo materno más frecuente en la muestra de 2013, no constaba en absoluto en GenBank.
  • El pariente más antiguo no es un perro. El linaje vivo más próximo a los perros precontacto de América resultó ser un clon tumoral contagioso, y no alguna de las razas actuales.
  • El territorio hizo más que los criadores. Una extensión de 302 millas cuadradas con régimen de acceso y estatus de parque de investigación desde 1972 conservó la población mejor de lo que podría cualquier programa de cría.

Cómo es el Perro de Carolina según el estándar

Perro de Carolina (Dingo Americano): aspecto según el estándar

Ambos estándares describen un perro de talla media, de hueso ligero a medio, con aspecto de «pequeño chacal» combinado con rasgos de lebrel de talla media. El cuerpo es rectangular, el dorso recto, la cintura marcada y el vientre muy retraído. Por eso el UKC lo sitúa entre lebreles y perros paria y no entre los spitz, pese a las orejas erguidas. Una combinación parecida de constitución seca y adaptación al calor la muestra el Lebrel Caravan (Sabueso Mudhol).

  • Cabeza. Vista desde arriba forma un triángulo que se estrecha hacia un hocico fuerte y puntiagudo, realzado por una musculatura mandibular muy desarrollada. El stop es leve pero definido. Los ejemplares jóvenes suelen mostrar finas arrugas en la frente, con efecto de ceño. La longitud del hocico equivale aproximadamente a la de la porción craneal.
  • Cuello. La descripción más funcional de todo el estándar: fuerte, de cresta marcada y musculado, da al animal «un medio para efectuar movimientos rápidos y eficaces de estocada con la cabeza, de arriba abajo, al cazar entre la hierba alta». Un cuello corto o con papada es una falta grave.
  • Orejas. Móviles, triangulares y de base ancha, de textura fina y punta ligeramente redondeada; erguidas cuando el perro está atento, pero capaces de girar hacia atrás y apoyarse a lo largo del cuello. El estándar describe incluso la postura característica: una oreja firmemente erguida y la otra girando para escuchar el entorno. Las orejas semierguidas se permiten, pero se penalizan según el grado de desviación.
  • Ojos. Almendrados, marrones, ámbar o amarillos, de inserción ligeramente oblicua, con el ángulo externo más alto que el interno. Los bordes palpebrales son negros y continuos. Cualquier otro color es falta, y los ojos azules son descalificación en ambos estándares.
  • Cola. El rasgo más reconocible. Se inserta horizontal, como prolongación de la columna; aproximadamente el último tercio se curva hacia atrás en dirección a la cabeza: ese es el anzuelo. Cuando el perro está atento la cola suele llevarse a unos 45 grados por encima de la horizontal. Nunca debe enroscarse por completo sobre el dorso. La cola recta es falta grave; la cola sin anzuelo en el extremo, falta. La punta suele ser blanca.
  • Extremidades. Los miembros anteriores son rectos y a menudo más juntos que en la mayoría de razas; los metacarpos flexibles forman un ángulo de 15 a 20 grados. Los metatarsos son más largos que los metacarpos. Los espolones traseros pueden estar presentes e incluso ser dobles.

Pelo y color. El pelo es pegado y su longitud depende de la estación: el de invierno, y el de los perros que viven en climas fríos, es bastante más denso que el de verano. En la cabeza, las orejas y los miembros anteriores es corto y liso; por el cuello, la cruz y el dorso corren pelos de guardia más ásperos, más largos que el subpelo, que se erizan con la excitación y pueden leerse como una franja más oscura.

El color más frecuente son todos los matices del jengibre: del jengibre rojizo al pajizo claro, amarillo pálido o beis, y el tono puede variar según la zona del cuerpo. Además del jengibre, los estándares permiten el negro sólido (con o sin pequeñas marcas blancas), el negro y fuego y el manchado (piebald). El moteado solo se admite en los «calcetines» blancos y en los pies, nunca por el cuerpo.

Sobre las «alas de ángel». Las marcas beis más claras detrás de los hombros tienen efectivamente nombre propio: angel wings. Pero los estándares dicen exactamente esto: el manto jengibre suele llevarlas, igual que parte de los perros negro y fuego. No son una «marca de pureza» ni una prueba de origen; esa lectura la añadió la literatura divulgativa, no el estándar.

Dónde discrepan los dos registros. Los textos son próximos pero no idénticos, y la diferencia afecta a cosas por las que un perro sale del ring. El estándar del UKC descalifica el manto blanco sólido, la criptorquidia (unilateral o bilateral) y la agresividad o timidez extrema; en la lista de descalificaciones del estándar de la Carolina Dog Fanciers of America esos tres puntos no aparecen. Menor pero significativo: según el UKC la lengua puede ser «totalmente rosada, con manchas negro-azuladas o totalmente negra», mientras que la versión de la CDFA añade morada. No funda dos registros en «una única verdad»: diga quién dice qué.

Carácter: cómo lo describe el propio estándar

Perro de Carolina de paseo

Aquí no hacen falta conjeturas: ambos registros describen el temperamento de forma idéntica y muy directa. «Un carácter en general tímido y desconfiado es característico de esta raza, pero el miedo excesivo y la resistencia al examen no son deseables. De ningún ejemplar debe esperarse que sea amistoso y abierto ni que disfrute del contacto físico con desconocidos».

Lea esa frase otra vez antes de llevarse un cachorro. El estándar no presenta la reserva como un defecto que corregir: la presenta como norma de la raza. Y sin embargo la línea está trazada con nitidez: en el UKC la «agresión abierta hacia las personas» figura como falta muy grave, y la agresividad o la timidez extrema directamente como descalificación. Cautela sí, agresión no.

En familia son perros poco invasivos: se mantienen cerca sin exigir atención constante. Muchos propietarios describen maneras felinas, pulcritud y afición a los puntos elevados de observación. En eso el Perro de Carolina recuerda al Basenji, otra raza primitiva con fama de independiente y limpia. Ante un desconocido no se comporta como una raza de guarda: a diferencia del Kangal (Pastor de Anatolia), que va de frente contra la amenaza, el Perro de Carolina mantiene la distancia y avisa con la voz.

Adiestramiento y socialización

Perro de Carolina (Dingo Americano): adiestramiento y socialización

La educación se apoya en la paciencia y la motivación, no en la fuerza. La inteligencia de estos perros apunta a resolver sus propios problemas, no a ejecutar órdenes en busca de aprobación, de modo que funcionan el refuerzo positivo y la motivación por comida: el instinto de buscarse el alimento está muy desarrollado.

La socialización es la etapa crítica, y aquí conviene volver al texto del estándar. No promete que el perro vaya a ser amistoso con desconocidos: de ningún ejemplar debe esperarse. El objetivo de la socialización temprana es otro: que la cautela natural siga siendo cautela y no derive en timidez de pánico ni en agresión por miedo, que en el UKC es descalificación directa. Conviene familiarizar al cachorro con personas, otros perros, ruidos urbanos y tráfico cuanto antes. La misma necesidad de socialización temprana e insistente la tiene el Perro de Canaán, otra raza primitiva desarrollada a partir de una población de vida libre.

Importante: la timidez de esta raza no es consecuencia de una mala crianza ni algo que «cure» la coacción. Los métodos duros dan el resultado contrario: el perro se cierra o pasa a la defensiva.

Ventajas y desventajas de la raza

Perro de Carolina (Dingo Americano): ventajas y desventajas
VentajasDesventajas
Cuidado mínimo del pelo; el estándar exige aspecto natural sin recorteFuerte instinto de caza: los animales pequeños en casa son un problema serio
Pulcro, casi sin olor canino característicoLa reserva ante desconocidos está en el estándar y no se corrige con educación
Independiente, resuelve bien problemas sin indicacionesEsa misma independencia dificulta la obediencia clásica
Muy apegado a su grupo y tranquilo en casaMaestro de la fuga: trepa, excava, busca el punto débil de la valla
Caso raro de raza con literatura científica real sobre su origenNo hay estadística racial de salud: el propietario decide sin cifras
Alimentación

Alimentación

Salud y riesgos

Qué mostraron los estudios genéticos

Al Perro de Carolina se lo ha examinado al menos tres veces, con tres conjuntos de marcadores distintos. Cada estudio respondía a una pregunta diferente, y precisamente por eso sus conclusiones no coinciden.

1. ADN mitocondrial: la línea materna. Van Asch y colaboradores (Proceedings of the Royal Society B, volumen 280, artículo 20131142, 2013) leyeron la región control del ADNmt en 19 Perros de Carolina, animales en cautividad descendientes de ejemplares de vida libre. Los haplotipos se repartieron así:

  • A184: 37 % (7 perros). Es un haplotipo nuevo, no registrado antes en GenBank, perteneciente al subclado a5, específico de Asia Oriental. Dicho de otro modo: no es europeo y no se ha hallado en ningún otro sitio.
  • A39: 5 % (1 perro). Fuera de esta muestra solo aparece en perros chinos sin raza y en el shiba inu japonés.
  • A16, A18, A19, B1: 58 % (11 perros). Haplotipos universales, extendidos tanto en Europa como en Asia Oriental. No distinguen el origen en absoluto.

Todos los haplotipos hallados pertenecen a los clados caninos A y B: en las líneas maternas de esta muestra no hay mezcla ni de lobo ni de coyote.

2. Autosomas, ADNmt y cromosoma Y a la vez. Shannon y colaboradores (PNAS, volumen 112, páginas 13639–13644, 2015) analizaron 4 676 perros de raza de 161 razas y 549 perros de aldea de 38 países en un chip de 185 805 marcadores, entre ellos 336 marcadores del cromosoma Y, de los cuales 207 resultaron polimórficos y superaron el control de calidad. Sobre los Perros de Carolina registraron tres cosas a la vez, y las tres importan:

  • en los Perros de Carolina (y en los xoloitzcuintles) segregan haplotipos mitocondriales indígenas: la línea materna confirma una señal;
  • no se han encontrado haplotipos Y únicos indicativos de ascendencia indígena en perros americanos fuera del Ártico, es decir, por vía paterna no hay señal alguna;
  • según los marcadores autosómicos, los Perros de Carolina llevan entre un 10 y un 35 % de ascendencia precolombina, estimación obtenida del agrupamiento con perros de Asia Oriental.

3. Genomas antiguos. Ní Leathlobhair y colaboradores (Science, volumen 361, número 6397, páginas 81–85, 2018) secuenciaron 71 genomas mitocondriales y 7 nucleares de perros arqueológicos de Norteamérica y Siberia que abarcan unos 9 000 años. Los perros precontacto de América (PCD en el artículo) formaron un linaje monofilético propio: no descienden de lobos norteamericanos, y su pariente antiguo más próximo son los perros de unos 9 000 años de la isla de Zhokhov, en el Ártico siberiano oriental. El antepasado común de todos los PCD se data en torno a 14 600 años atrás (intervalo del 95 % de máxima densidad posterior: de 16 484 a 12 965).

Ese mismo trabajo examinó también a los Perros de Carolina, esta vez con datos nucleares. Un análisis ADMIXTURE detectó entre un 0 y un 33 % de ascendencia «PCD o ártica» en tres Perros de Carolina individuales. Luego viene la salvedad que desaparece primero en los relatos divulgativos: el análisis no pudo distinguir la ascendencia precontacto de la ártica, y los autores escriben con claridad que no pueden descartar mezcla con perros árticos actuales en vez de precontacto. El análisis de razones f4 del mismo trabajo no detectó señal significativa de ascendencia precontacto en ningún perro americano actual de origen europeo.

Salud: qué se sabe y cómo leerlo

Preguntas frecuentes sobre la raza (FAQ) · 5

¿El Perro de Carolina es un animal salvaje?
No. Es un perro doméstico de tipo muy primitivo que vivió libre mucho tiempo. Todas las líneas maternas examinadas pertenecen a clados caninos, no a los del lobo ni a los del coyote. En conducta, eso sí, es un animal que solo hace poco ha vuelto al contacto estrecho con las personas, y el estándar lo recoge sin rodeos.

¿Es cierto que desciende directamente de los perros precolombinos de América?
En parte. Las líneas maternas dan una señal fuerte: en la muestra de 2013 el 37 % de los perros portaba un haplotipo único de un subclado de Asia Oriental. La estimación autosómica de 2015 va del 10 al 35 % de ascendencia precolombina. En cambio no se hallaron líneas paternas indígenas en perros americanos fuera del Ártico, y el trabajo de 2018, con tres perros, no pudo separar la señal precontacto de la mezcla con razas árticas actuales. Es decir: un componente real, pero parcial; no un linaje ininterrumpido.

¿Hace falta una prueba de MDR1 antes de la desparasitación?
No hay motivo racial para ella: el alelo ABCB1–1Δ está descrito en nueve razas unidas por un antepasado británico común de la línea pastora, y el Perro de Carolina no está entre ellas. El fármaco y la dosis, en cualquier caso, acuérdelos con el veterinario.

¿Es una raza adecuada para principiantes?
En la mayoría de casos no. El estándar advierte sin rodeos de que no debe esperarse cordialidad hacia los desconocidos, y la valla y la correa se vuelven disciplina diaria. Hacen falta espacio, paciencia y disposición a aceptar al perro tal como lo describen los registros.

¿Pueden convivir con gatos?
Es arriesgado. El estándar describe un depredador de caza menor y el impulso cinegético es alto. Cabe la excepción cuando el cachorro crece con un gato desde el principio, pero no conviene tomarlo como regla.

Vídeo sobre la raza

Preguntas frecuentes

¿El Perro de Carolina es un animal salvaje?
No. Es un perro doméstico de tipo muy primitivo que vivió libre mucho tiempo; todas las líneas maternas examinadas pertenecen a clados caninos, no a los del lobo ni a los del coyote. En conducta, eso sí, es un animal que solo hace poco ha vuelto al contacto estrecho con las personas.
¿Es cierto que desciende directamente de los perros precolombinos de América?
En parte. En la muestra de 2013 el 37 % de los perros portaba un haplotipo materno único de un subclado de Asia Oriental, y la estimación autosómica de 2015 va del 10 al 35 % de ascendencia precolombina. No se hallaron líneas paternas indígenas en perros americanos fuera del Ártico. El componente es real, pero parcial.
¿Hace falta una prueba de MDR1 antes de la desparasitación?
No hay motivo racial para ella: el alelo ABCB1-1Δ está descrito en nueve razas unidas por un antepasado británico común de la línea pastora, y el Perro de Carolina no está entre ellas. El fármaco y la dosis, acuérdelos con el veterinario.
¿Es una raza adecuada para principiantes?
En la mayoría de casos no. El estándar advierte sin rodeos de que no debe esperarse cordialidad hacia los desconocidos, y la valla y la correa se vuelven disciplina diaria.
¿Pueden convivir con gatos?
Es arriesgado: el estándar describe un depredador de caza menor. Cabe la excepción cuando el cachorro crece con un gato desde el principio, pero no conviene tomarlo como regla.

Razas similares

Fuentes
  • Estándar del UKC (rev. 2023)
  • estándar de la Carolina Dog Fanciers of America publicado por el AKC
  • AKC Foundation Stock Service
  • van Asch 2013
  • Shannon 2015
  • Ní Leathlobhair 2018