| Altura | 60–70 cm |
| Peso | 20–30 kg |
| Esperanza de vida | 12–15 años |
| Grupo FCI | 10 · lebreles |
| Origen | España |
Valoraciones exactas
- Una raza en general sana y longeva
- Osteosarcoma (cáncer de hueso)
- Hipotiroidismo
- Enfermedades cardíacas
- Sensibilidad a la anestesia (como todos los lebreles)
Dieta moderada de calidad y control del peso (la constitución enjuta es normal). Protege la piel fina del frío y las lesiones; proporciónale carreras seguras regulares para satisfacer el instinto.
Pocas razas son tan españolas como el galgo español y pocas están tan mal entendidas dentro de su propio país. Aparece en la primera frase del Quijote, sigue corriendo detrás de la liebre en los barbechos de Castilla y La Mancha y, al mismo tiempo, duerme en miles de sofás de pisos de Madrid, Barcelona o Sevilla como si llevara haciéndolo toda la vida. Es el mismo perro: un lebrel de campo abierto, resistente, silencioso y de una sensibilidad que sorprende a quien llega esperando un atleta duro. Esta guía está escrita para quien lo tiene, para quien está pensando en adoptar uno y para quien simplemente quiere entender por qué esta raza genera tanta conversación en España. Más fichas de razas, en Tvaryny.
Historia y origen de la raza

El origen del galgo se pierde entre la arqueología y la filología. La hipótesis más aceptada sitúa a sus antepasados llegando a la Península con los pueblos celtas hacia el siglo VI a.C. El propio nombre lo delata: galgo procede del latín Canis Gallicus, «perro galo» o «perro celta». Los autores romanos ya distinguían con claridad dos maneras de cazar con perro: la del que sigue el rastro con la nariz y la del que persigue lo que ve. El galgo pertenece a la segunda familia, la de los lebreles o sighthounds, y en castellano la palabra lo dice todavía mejor que en inglés: lebrel viene de liebre.
Esa es la clave para entender su anatomía y su carácter. El galgo español no se seleccionó para el canódromo, sino para el campo: para levantar una liebre en un rastrojo, sostener una carrera larga sobre terreno irregular —terrones, ribazos, surcos, piedra suelta— y girar a toda velocidad detrás de un animal que cambia de dirección constantemente. De ahí que su musculatura sea más plana y su fondo mayor que el de los lebreles de pista, aunque su punta de velocidad sea algo menor. No es un velocista de tartán: es un corredor de campo. Aunque no resulte tan exótico como un Rajapalayam (Polygar Hound) ni tenga la constitución compacta de un Plott Hound, siglos de funcionalidad pura lo han esculpido con una lógica implacable.
Su huella cultural es difícil de exagerar. Cuando Cervantes presenta al hidalgo en 1605, lo hace con tres posesiones y una de ellas es el perro: adarga antigua, «rocín flaco y galgo corredor». No es un adorno literario, es un retrato social exacto. Tener galgo era señal de identidad en la Castilla rural, primero como privilegio nobiliario y después como algo profundamente popular, transmitido de padres a hijos junto con el conocimiento del terreno, del viento y de las querencias de la liebre. Esa continuidad —campo, familia, oficio— explica por qué en España el galgo no es una raza importada de moda, sino patrimonio propio con todo lo que eso arrastra: orgullo, costumbre y también conflicto.
Apariencia y estándares de la raza

El galgo español está reconocido por la FCI con el estándar n.º 285 y se encuadra en el Grupo 10 (lebreles), Sección 3 (lebreles de pelo corto), junto al Greyhound, el whippet o el sloughi. España es el país de patronazgo y la Real Sociedad Canina de España (RSCE), fundada en 1911 y miembro de la FCI desde 1912, es la responsable del estándar y del Libro de Orígenes Español (LOE), donde se inscriben los ejemplares con pedigrí.
Lo primero que llama la atención en un galgo bien hecho es la silueta: pecho profundo pero estrecho, bien descendido hasta el codo —capacidad pulmonar sin resistencia al aire— y un vientre extraordinariamente recogido, con una línea inferior que sube casi en vertical hacia la ingle. Esto no es un perro flaco: es el estándar. En un galgo en forma se palpan sin esfuerzo las dos o tres últimas costillas y se le marcan ligeramente al moverse, y eso es exactamente lo que hay que ver.
La cabeza es larga, estrecha y seca, con la depresión naso-frontal apenas insinuada y los ojos oscuros, almendrados y oblicuos. Las orejas van «en rosa»: plegadas hacia atrás y pegadas al cuello en reposo, y se levantan parcialmente en alerta. La cola es muy larga y fina, de inserción y porte bajos, y termina en el detalle más característico de la raza: un gancho o quiebro final muy marcado que en muchos ejemplares se aprecia incluso a simple vista. Los pies son «de liebre», de dedos largos y arqueados, adaptados a pisar terreno duro.
En movimiento, el galgo utiliza el galope de doble suspensión: dos momentos por zancada en los que las cuatro patas están en el aire, uno con el cuerpo totalmente extendido y otro con el lomo recogido y las patas cruzándose bajo el tronco. Es la mecánica que comparten todos los lebreles y la razón de que su columna sea tan flexible y sus lesiones tan características.
El estándar admite dos variedades de pelo, y las dos pueden salir en la misma camada:
- Pelo raso: corto, fino y muy pegado al cuerpo. Es, con diferencia, el más habitual.
- Pelo duro o cerdeño («barbudo»): más áspero y semiduro, con barba, bigote y cejas marcadas. Menos frecuente, pero perfectamente estándar y muy valorado por quienes lo conocen.
En capas hay muchísima variedad: barcino y atigrado en todos sus tonos, canela y tostado, negro, berrendo (manchado sobre fondo blanco), blanco, y las combinaciones con o sin careta oscura. Entre aficionados se habla además de tipos regionales —galgos del sur más ligeros y compactos frente a ejemplares castellanos algo mayores y de más fondo—, pero conviene recordar que el estándar es uno solo y esas diferencias son variaciones de línea y de terreno, no subrazas.
| Característica | Descripción |
|---|---|
| Altura a la cruz | Machos: 62-70 cm; Hembras: 60-68 cm |
| Peso | 20-30 kg |
| Esperanza de vida | 12-15 años |
| Tipo de constitución | Seco, fuerte, elegante |
| Color | Atigrado, negro, barcino, canela, blanco (y sus combinaciones) |
| Clasificación FCI | Estándar n.º 285 · Grupo 10, Sección 3 (lebreles de pelo corto) |
| Variedades de pelo | Raso y duro o cerdeño (barbudo) |
La temporada de caza y el destino de la raza

Cualquier conversación honesta sobre el galgo en España pasa por el calendario cinegético, así que vamos con los datos. En España no existe un calendario único: la caza es competencia autonómica y cada comunidad publica cada año su orden de vedas, que fija fechas, especies y modalidades. A grandes rasgos, la media veda abre la actividad en agosto con especies migratorias —codorniz, tórtola, paloma—, la temporada general arranca hacia mediados de octubre y la caza de la liebre con galgo se desarrolla en otoño e invierno, cerrando a finales de enero, con los campeonatos de galgos en campo disputándose ya en febrero. Es decir: el galgo trabaja unos meses y descansa el resto del año.
Ese ritmo estacional es lo que explica el patrón que las protectoras llevan años describiendo: los ingresos de galgos y podencos se concentran entre temporadas, sobre todo al cerrar el invierno. Según los estudios anuales de la Fundación Affinity, en 2025 entraron en refugios y centros de acogida en España alrededor de 285.000 perros y gatos, cerca del 60 % de ellos perros, y el fin de la temporada de caza figura de forma sostenida entre los motivos declarados de abandono, en torno al 10 % del total. Conviene precisar algo que en España se discute a diario: no existe un registro oficial único de galgos abandonados, y las cifras globales que circulan varían enormemente según quién las publique —asociaciones proteccionistas por un lado, federaciones de caza por otro—. Lo que sí es verificable es el patrón estacional y el peso desproporcionado de las dos razas ibéricas de caza en los refugios.
En el plano legal, el marco cambió con la Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales (BOE de 29 de marzo de 2023, en vigor desde el 29 de septiembre de 2023). Fue un avance normativo importante, pero dejó fuera a los perros de caza de manera expresa: su artículo 1.3.e) excluye del ámbito de aplicación a «los perros de caza, rehalas y animales auxiliares de caza», que quedan remitidos a la normativa vigente europea, estatal y autonómica que les sea aplicable. En la práctica, eso significa que la protección de un galgo de campo depende de dónde viva: de la ley de protección animal de su comunidad autónoma —por ejemplo, la Ley 7/2020 de Bienestar, Protección y Defensa de los Animales de Castilla-La Mancha—, de la ley de caza autonómica y de las obligaciones generales de identificación y registro. Fue el punto más polémico de toda la tramitación y sigue siéndolo.
Fuera del debate, la realidad cotidiana es que en España existe una red muy extensa de protectoras especializadas en galgos y podencos, con casas de acogida, campañas al cierre de temporada y una fuerte vía de adopción internacional: una parte considerable de los galgos rescatados acaba adoptada en países del centro y norte de Europa, donde la raza tiene una comunidad consolidada. También hay galgueros que cuidan escrupulosamente a sus perros, los mantienen jubilados en casa y colaboran con esas mismas protectoras. Las dos cosas conviven, y quien adopta conviene que lo sepa: el galgo que llega a casa puede venir de una situación dura o simplemente de un cambio de vida.
Carácter: una doble naturaleza

Quien convive con un galgo lo resume siempre igual: en casa tienes un perro y en el campo, otro distinto. Dentro es un animal asombrosamente tranquilo. Practica la siesta a nivel profesional —dieciséis o dieciocho horas de sueño al día no son raras—, ladra poco, no arrastra olor fuerte, no reclama atención constante y tiende a instalarse en el sitio más blando de la casa con una naturalidad absoluta. Mucha gente descubre con sorpresa que un perro de setenta centímetros a la cruz molesta menos en un piso que un terrier de diez kilos.
Fuera, en cambio, aparece el lebrel. Y aquí hay que ser muy claro, porque de esto dependen accidentes: la persecución en un galgo no es una decisión, es un reflejo. Se dispara por la vista —un movimiento rápido a distancia, un gato cruzando, un conejo saliendo de un ribazo— y una vez arrancado el perro entra en un estado en el que, literalmente, deja de procesar tu voz. No te está desobedeciendo: no te oye. Puede recorrer varios cientos de metros en unos segundos, cruzar una carretera y perderse de vista antes de que termines de gritar su nombre.
La consecuencia práctica es que con un galgo se gestiona el entorno, no se corrige el instinto. La suelta se hace en recinto vallado o en fincas cerradas y controladas; en ciudad y en campo abierto, correa. No es pesimismo ni falta de educación del perro: es reconocer para qué se seleccionó esta raza durante siglos y trabajar con ello en vez de contra ello.
Con la familia es afectuoso, discreto y muy pegado, aunque poco efusivo; con los desconocidos suele mostrar una reserva educada, un rasgo común a muchos lebreles como el Podenco Ibicenco (Ibizan Hound). No es un perro de guarda ni pretende serlo. Y es especialmente sensible al tono: con gritos o métodos duros no se corrige, se apaga. Con paciencia y refuerzo positivo, en cambio, aprende rápido y colabora encantado.
El galgo adoptado: los primeros meses en casa
La mayoría de galgos que entran hoy en un hogar español llegan por adopción, y muchos aterrizan en un piso sin haber vivido nunca dentro de una casa. Eso genera una serie de miedos muy reconocibles y muy repetidos entre adoptantes:
- Ruidos secos: portazos, la persiana, una silla que se arrastra, petardos. Son reacciones de sobresalto desproporcionadas que ceden con la costumbre.
- La mano alzada: muchos se encogen si levantas el brazo, aunque sea para coger algo de una estantería. Se resuelve solo, sin dramatizarlo, moviéndote con calma a su alrededor.
- Escaleras: un perro que nunca las ha visto no sabe coordinar cuatro patas largas en un tramo de peldaños. Se enseña despacio, un escalón cada vez y sin prisa.
- Suelos deslizantes: el gres, el parqué o el mármol son una trampa para unas uñas que no agarran. Alfombras y pasillos de moqueta barata resuelven el problema en una tarde.
- Cristales, ascensores y espejos: elementos que sencillamente no existían en su vida anterior.
La buena noticia es que se recuperan bien y relativamente rápido: hablamos de semanas en los casos fáciles y de unos meses en los más reservados. Lo que más ayuda no es el cariño intensivo, sino la rutina previsible: mismos horarios de comida y paseo, un rincón propio con su cama al que nadie le moleste, visitas dosificadas los primeros días y la norma de dejar que sea el perro quien se acerque. Forzar el contacto retrasa el proceso; ignorarlo educadamente lo acelera.
Mantenimiento y cuidados

El galgo se adapta perfectamente a un piso siempre que el paseo sea de calidad. No necesita horas de ejercicio: necesita descargar. Dos o tres salidas diarias tranquilas y, si es posible, una o dos carreras libres por semana en recinto vallado cubren de sobra sus necesidades. Es un perro de esfuerzos cortos e intensos seguidos de mucho descanso, no un compañero de maratón ni de bicicleta.
La cama: el detalle que más se subestima
Un galgo apenas tiene grasa subcutánea, así que sus codos, caderas y esternón descansan prácticamente hueso contra superficie. Dormir sobre baldosa, tarima o una colchoneta fina le provoca durezas, callos e higromas —esas bolsas blandas que aparecen sobre el codo— con una facilidad que sorprende a quien viene de otras razas. La solución es simple y no negociable: una cama ortopédica gruesa, de espuma viscoelástica, lo bastante grande para que pueda estirarse por completo. Y conviene tener más de una: los galgos rotan de sitio a lo largo del día siguiendo el sol.
Ropa, frío y calor
- Invierno: sin subpelo y sin grasa, el galgo pasa frío de verdad, también en el sur. Abrigo que cubra pecho y lomo y, muy importante, braga de cuello: ese cuello largo y fino es por donde más calor pierde.
- Otoño y primavera: un chubasquero ligero o un forro polar bastan; también evitan que llegue empapado a casa, algo que tolera fatal.
- Verano: en el clima español el riesgo se invierte. Ojo con el golpe de calor y con el asfalto recalentado en las horas centrales, y con las quemaduras solares en ejemplares blancos o berrendos: la tripa, el hocico y las orejas van casi sin pelo. Paseos temprano y al anochecer, sombra y agua.
El resto del mantenimiento es mínimo: un guante de goma una vez por semana retira el poco pelo que suelta, uñas cortas para que apoye bien y revisión periódica de almohadillas después de correr en campo. Un punto que muchos pasan por alto: los lebreles son propensos al sarro y a la enfermedad periodontal, así que el cepillado dental y las revisiones de boca cuentan aquí más que en otras razas.
Collar martingale: la pieza de material imprescindible
Si de todo este artículo hubiera que quedarse con una sola frase práctica, sería esta: un galgo no puede llevar un collar normal. Su cabeza es más estrecha que su cuello, de modo que basta con que se asuste, se eche hacia atrás y clave las patas para que el collar le pase por delante de las orejas y salga limpiamente. Es, con diferencia, la causa más frecuente de pérdida de galgos recién adoptados, y suele ocurrir en los primeros paseos, justo cuando el perro aún no tiene vínculo ni referencia de casa.
La solución estándar es el collar de tipo martingale (o collar de galgo): una banda ancha con un lazo secundario que, al tensarse la correa, se cierra hasta un tope prefijado. Se ajusta lo justo para que no pueda sacar la cabeza y no llega a comprimir la tráquea. Debe ser ancho —para repartir la presión sobre esa piel fina— y estar bien regulado: cerrado del todo, tiene que quedar ceñido pero permitiendo pasar dos dedos.
Las protectoras españolas suelen entregar el perro ya con su martingale, y muchas recomiendan además, durante los primeros meses, un arnés de tres puntos (el que lleva una banda adicional por delante del pecho y otra por detrás de las axilas) junto con doble enganche: una correa al collar y otra al arnés. Si una pieza falla, la otra sostiene. Añade una chapa identificativa con tu teléfono en el propio collar y asegúrate de que el microchip está a tu nombre y con los datos actualizados en el registro de identificación de tu comunidad autónoma. Un galgo perdido corre demasiado y demasiado lejos como para confiarlo a la suerte.
Particularidades del adiestramiento

El galgo es inteligente, pero no obedece «de oficio» como un pastor: primero valora si le compensa. Funciona con juego, comida y sesiones cortas, y se bloquea con la repetición y con la presión. Estas son las cuatro áreas que de verdad importan en un galgo de casa:
- El bozal como algo cotidiano. En la raza el bozal de cesta no es un castigo ni una señal de peligrosidad: es material de uso normal, útil en la sala de espera del veterinario, en sueltas compartidas o en un perro que aún recoge cualquier cosa del suelo. Muchos galgos vienen ya acostumbrados. Si no, se introduce por asociación positiva —premio dentro del bozal— y en unos días deja de ser un tema. Además, buena parte de los reglamentos de transporte público en España lo exigen.
- Habilidades domésticas. Antes que el «sentado» está lo que de verdad usará: subir y bajar escaleras, caminar sobre suelo liso, entrar en el coche, dejarse poner el arnés y el abrigo, tolerar el ascensor.
- Quedarse solo. Muchos galgos vienen de vivir siempre en grupo y la soledad es una novedad absoluta. Se trabaja de forma progresiva, con ausencias muy cortas que se van alargando, y dejando un espacio cómodo y previsible. Saltárselo es la vía rápida a la ansiedad por separación.
- «Quieto» y llamada con correa larga. La llamada se entrena desde el primer día con una correa larga de diez o quince metros en una zona sin estímulos, y se refuerza siempre en positivo, nunca llamando para regañar. Aun así, no confíes en ella al cien por cien en campo abierto: la vista gana.
Alimentación: recomendaciones clave

Aquí hay que empezar deshaciendo el malentendido más común, ese que todo dueño de galgo escucha en el parque: la delgadez es el estándar de la raza, no desnutrición. Un galgo en su peso enseña la silueta de las últimas costillas y una cintura muy marcada. Si al mirarlo desde arriba parece un perro «normal», probablemente le sobren kilos. Y el sobrepeso le pasa factura más deprisa que a otras razas: articulaciones finas, tendones largos y una mecánica de carrera que castiga cada gramo de más.
El caso del galgo rescatado es distinto y requiere cabeza. Un perro que llega muy por debajo de su peso no se recupera dándole el doble de ración: hay que subirlo despacio, con tomas pequeñas y repartidas a lo largo del día durante las primeras semanas, porque un aporte brusco de calorías en un animal desnutrido es peligroso en sí mismo. Es una de las primeras cosas que indica el veterinario de la protectora, y merece la pena respetarla al pie de la letra.
En el día a día, el galgo adulto come dos veces al día, nunca una sola toma grande. Tiene el pecho profundo característico de las razas con riesgo de torsión gástrica, así que conviene comedero elevado, comer en calma y evitar el ejercicio intenso justo antes y hasta un rato después de la comida. Proteína de calidad para mantener masa muscular, control del peso y poco más: no es un perro exigente.
| Edad del perro | Cantidad de comidas | Características de la dieta |
|---|---|---|
| Cachorros (2-6 meses) | 3-4 veces | Crecimiento óseo controlado, sin excesos de energía |
| Juniors (6-12 meses) | 3 veces | Dieta equilibrada, control de peso |
| Adultos (desde 1 año) | 2 veces | Mantenimiento de masa muscular, comedero elevado |
| Rescatados bajos de peso | 4-5 tomas pequeñas | Recuperación lenta y supervisada las primeras semanas |
| Seniors (desde 7-8 años) | 2 veces | Digestión fácil, calorías ajustadas, apoyo articular |
Salud y características genéticas

El galgo español es, en conjunto, una raza sana y longeva. Nunca pasó por la selección extrema de belleza que ha cargado a otras razas de problemas estructurales, y su funcionalidad se mantuvo como criterio principal durante siglos. Dicho esto, tiene un puñado de particularidades que conviene conocer antes de que aparezcan:
- Sensibilidad a la anestesia: el punto más crítico. Con un porcentaje de grasa corporal muy bajo, los lebreles metabolizan de forma distinta los anestésicos, y una dosis calculada como para un perro estándar de ese mismo peso puede ser fatal. Antes de cualquier intervención, incluida una limpieza dental, hay que decir explícitamente que es un lebrel y confirmar que se usará un protocolo adaptado.
- Osteosarcoma: el tumor óseo es la neoplasia más asociada a los lebreles. Una cojera persistente sin causa clara, sobre todo en una extremidad anterior y en un perro maduro, merece radiografía y no «reposo y a ver».
- Lesiones de alta velocidad: corriendo alcanza los 60-65 km/h, y a esa velocidad las distensiones musculares, las roturas de ligamento, las lesiones de dedo y los cortes en almohadillas son la lesión típica de la raza.
- Piel muy fina: donde otro perro se llevaría un rasguño, un galgo se hace un desgarro que necesita puntos o grapas. Alambradas, zarzas y esquinas metálicas son enemigos reales, y por eso muchos galgos de campo llegan con cicatrices.
- Hipotermia: sin subpelo ni grasa aislante, se enfrían muy rápido, especialmente mojados o tras el ejercicio.
La analítica del lebrel: por qué un galgo «sale mal» sin estar enfermo

Este es probablemente el dato más útil que puede llevarse un dueño de galgo, y el que más disgustos evita. Los lebreles tienen valores de referencia propios, distintos de los del resto de perros. Un análisis perfectamente normal para un galgo puede aparecer marcado como alterado si se interpreta con los rangos genéricos del laboratorio, y a partir de ahí llega el riesgo real: diagnósticos equivocados y tratamientos innecesarios.
| Parámetro | En el lebrel, respecto a la media canina | Confusión frecuente |
|---|---|---|
| Hematocrito y hematíes | Más altos | Se interpreta como deshidratación o policitemia |
| Hemoglobina | Más alta | Sospecha innecesaria de dopaje o patología |
| Plaquetas | Más bajas | Se lee como trombocitopenia |
| Leucocitos | Más bajos | Sospecha de inmunosupresión |
| Creatinina | Más alta (gran masa muscular) | Se confunde con insuficiencia renal |
| T4 total | Más baja | Se confunde con hipotiroidismo |
Las dos filas en negrita son las que causan problemas de verdad. Un galgo sano con la creatinina algo elevada puede acabar con una dieta renal de por vida que no necesita; un galgo sano con la T4 total baja puede acabar medicado con hormona tiroidea sin tener hipotiroidismo. La recomendación práctica es sencilla: dile siempre al veterinario que es un lebrel, pídele que interprete la analítica con rangos específicos de lebrel, y ante una creatinina alta aislada pide que se valore en conjunto con el resto de la función renal antes de tratar. Un profesional con experiencia en galgos lo tiene interiorizado; en España, además, no es difícil encontrarlo.
Enfermedades mediterráneas: prevención en casa
Vivimos en zona endémica, así que esto no es un capítulo para importadores: es nuestro propio calendario sanitario, y afecta igual al galgo de campo que al que sólo pisa la acera del barrio. Las cuatro grandes:
- Leishmaniosis: la transmite el flebotomo, un mosquito diminuto activo sobre todo desde la primavera hasta bien entrado el otoño y en las horas del anochecer y el amanecer. Prevención: repelente eficaz permanente durante toda la temporada —collar o pipeta con acción repelente—, evitar exposición al atardecer en zonas húmedas y control serológico anual. La vacunación se valora con el veterinario según la zona y el perfil del perro.
- Ehrlichiosis y babesiosis: transmitidas por garrapatas, que en buena parte del sur peninsular están activas prácticamente todo el año. Antiparasitario externo sin interrupciones y revisión manual tras cada salida al campo.
- Dirofilariosis (gusano del corazón): la transmiten mosquitos comunes y es especialmente relevante en zonas costeras, húmedas y de regadío. Se previene con pauta mensual durante la temporada de mosquito.
Un galgo que ha vivido en el campo llega con más exposición acumulada, así que el chequeo inicial de un perro adoptado incluye habitualmente serologías de estas enfermedades. Pero conviene entenderlo bien: el que ya vive en casa no está libre. La prevención es anual, continua y para todos.
Ventajas y desventajas de la raza

| Ventajas (+) | Desventajas (-) |
|---|---|
| Tranquilo y discreto en casa, ideal para piso | Instinto de persecución reflejo: riesgo con gatos y animales pequeños |
| Ladra poco y apenas desprende olor | En ciudad y campo abierto, siempre con correa |
| Raza rústica y longeva, sin excesos de selección | Necesita material específico: martingale, abrigo y cama gruesa |
| Mantenimiento de pelo mínimo | Muy sensible al frío y al calor extremo |
| Convive muy bien con otros perros | Requiere protocolo veterinario adaptado a lebreles |
| Se adapta a una vida tranquila sin grandes exigencias | Carácter sensible: no tolera gritos ni métodos duros |
Datos interesantes sobre la raza

- La palabra lo explica todo: «lebrel» viene de «liebre» y «galgo» del latín Canis Gallicus. El nombre de la raza contiene a la vez su origen y su oficio.
- Literatura de primera línea: el galgo entra en el Quijote en la frase inaugural del libro, entre las tres posesiones que definen al hidalgo. Pocas razas tienen una carta de presentación así.
- Posturas imposibles: duermen boca arriba con las patas estiradas hacia el techo, en una postura que los dueños llaman roaching («cucaracha»). Es señal de que el perro se siente completamente seguro.
- Donantes de sangre: por su hematocrito naturalmente alto y su tamaño, los lebreles son donantes muy apreciados en los bancos de sangre veterinarios.
- Sociales por diseño: criados y trabajados en grupo, se encuentran mucho mejor con otros perros —y sobre todo con otro galgo— que solos. Duermen amontonados, sin distancias.
- Dos suspensiones por zancada: en su galope hay dos momentos en los que ninguna pata toca el suelo. Es la misma mecánica del guepardo, aplicada a un perro.
Preguntas frecuentes sobre la raza

¿Están protegidos los perros de caza por la Ley 7/2023?
No por esa ley. El artículo 1.3.e) de la Ley 7/2023, de 28 de marzo, excluye expresamente de su ámbito de aplicación a los perros de caza, rehalas y animales auxiliares de caza, y remite su regulación a la normativa europea, estatal y autonómica aplicable. En la práctica, la protección de un galgo de campo depende de la legislación de protección animal y de caza de su comunidad autónoma, además de las obligaciones generales de identificación y registro.
¿En qué se diferencia el galgo español del greyhound?
Son primos, no gemelos. El greyhound es más alto y masivo, con musculatura más redondeada, seleccionado para el esprint corto en pista. El galgo español es más ligero, de musculatura más plana y mucho más fondo, porque su trabajo es una carrera larga sobre terreno irregular. El galgo tiene además la cola más larga, con el característico gancho final, y admite la variedad de pelo duro que el greyhound no tiene.
¿Se puede tener un galgo con gatos?
Depende mucho del ejemplar. Muchos galgos conviven perfectamente con el gato de casa, al que acaban considerando parte de la familia. El problema es que ese aprendizaje no se generaliza: el mismo perro puede lanzarse a por un gato desconocido que sale corriendo en la calle. Las protectoras suelen valorar el nivel de instinto de cada perro antes de la adopción, y merece la pena hacerles caso: la presentación debe ser gradual, supervisada y con vías de escape para el gato.
¿Cuánto ejercicio necesita realmente?
Menos del que la gente imagina. Dos o tres paseos tranquilos al día y la posibilidad de correr suelto en un recinto vallado una o dos veces por semana son suficientes. Es un perro de explosión y descanso: se cansa antes de lo que su aspecto atlético sugiere y el resto del tiempo lo dedica a dormir.
Mi galgo parece demasiado delgado, ¿debo engordarlo?
Casi seguro que no. En esta raza es normal ver el perfil de las últimas costillas y una cintura muy marcada; ese es el estado corporal correcto. El sobrepeso le perjudica más que a otros perros. Distinto es un galgo recién rescatado por debajo de su peso: ahí sí hay que recuperar, pero despacio, con tomas pequeñas y bajo criterio veterinario.
¿Por qué insisten tanto las protectoras con el collar martingale?
Porque la cabeza del galgo es más estrecha que su cuello y un perro asustado se sale hacia atrás de un collar convencional en un segundo. El martingale se cierra hasta un tope al tensarse la correa y lo impide sin ahogarlo. Es la causa número uno de pérdidas en galgos recién adoptados, y por eso muchas protectoras entregan el perro con el collar puesto y recomiendan además arnés de tres puntos con doble enganche durante los primeros meses.
Vídeo sobre la raza
- Tranquilo, sereno y limpio en un piso
- Cariñoso, tierno y fiel
- Más resistente que el galgo inglés
- Suelta poco pelo, poco exigente
- Fuerte instinto de caza (peligroso para gatos)
- Necesita largas carreras sin correa en lugar seguro
- Piel fina sensible e intolerancia al frío
- Puede ser tímido, necesita un trato suave
| Galgo inglés | Sloughi | Whippet | |
|---|---|---|---|
| Altura | 68–76 cm | 61–72 cm | 44–51 cm |
| Energía | 3.5 | 4 | 3.5 |
| Apartamento | 4 | 3.5 | 4.5 |
| Principiantes | 3.5 | 3 | 4 |
¿En qué se diferencia el galgo del galgo inglés?
¿Es adecuado el galgo para un piso?
¿Se puede tener un galgo con gatos?
Ropa, frío y calor Invierno: sin subpelo y sin grasa, el galgo pasa frío de verdad, también en el sur. Abrigo que cubra pecho y lomo y, muy importante, braga de cuello: ese cuello largo y fino es por donde más calor pierde. Otoño y primavera: un chubasquero ligero o un forro polar bastan; también evitan que llegue empapado a casa, algo que tolera fatal. Verano: en el clima español el riesgo se invierte. Ojo con el golpe de calor y con el asfalto recalentado en las horas centrales, y con las quemaduras solares en ejemplares blancos o berrendos: la tripa, el hocico y las orejas van casi sin pelo. Paseos temprano y al anochecer, sombra y agua. El resto del mantenimiento es mínimo: un guante de goma una vez por semana retira el poco pelo que suelta, uñas cortas para que apoye bien y revisión periódica de almohadillas después de correr en campo. Un punto que muchos pasan por alto: los lebreles son propensos al sarro y a la enfermedad periodontal, así que el cepillado dental y las revisiones de boca cuentan aquí más que en otras razas. Collar martingale: la pieza de material imprescindible Si de todo este artículo hubiera que quedarse con una sola frase práctica, sería esta: un galgo no puede llevar un collar normal. Su cabeza es más estrecha que su cuello, de modo que basta con que se asuste, se eche hacia atrás y clave las patas para que el collar le pase por delante de las orejas y salga limpiamente. Es, con diferencia, la causa más frecuente de pérdida de galgos recién adoptados, y suele ocurrir en los primeros paseos, justo cuando el perro aún no tiene vínculo ni referencia de casa. La solución estándar es el collar de tipo martingale (o collar de galgo): una banda ancha con un lazo secundario que, al tensarse la correa, se cierra hasta un tope prefijado. Se ajusta lo justo para que no pueda sacar la cabeza y no llega a comprimir la tráquea. Debe ser ancho —para repartir la presión sobre esa piel fina— y estar bien regulado: cerrado del todo, tiene que quedar ceñido pero permitiendo pasar dos dedos. Las protectoras españolas suelen entregar el perro ya con su martingale, y muchas recomiendan además, durante los primeros meses, un arnés de tres puntos (el que lleva una banda adicional por delante del pecho y otra por detrás de las axilas) junto con doble enganche: una correa al collar y otra al arnés. Si una pieza falla, la otra sostiene. Añade una chapa identificativa con tu teléfono en el propio collar y asegúrate de que el microchip está a tu nombre y con los datos actualizados en el registro de identificación de tu comunidad autónoma. Un galgo perdido corre demasiado y demasiado lejos como para confiarlo a la suerte. Particularidades del adiestramiento El galgo es inteligente, pero no obedece "de oficio" como un pastor: primero valora si le compensa. Funciona con juego, comida y sesiones cortas, y se bloquea con la repetición y con la presión. Estas son las cuatro áreas que de verdad importan en un galgo de casa: El bozal como algo cotidiano. En la raza el bozal de cesta no es un castigo ni una señal de peligrosidad: es material de uso normal, útil en la sala de espera del veterinario, en sueltas compartidas o en un perro que aún recoge cualquier cosa del suelo. Muchos galgos vienen ya acostumbrados. Si no, se introduce por asociación positiva —premio dentro del bozal— y en unos días deja de ser un tema. Además, buena parte de los reglamentos de transporte público en España lo exigen. Habilidades domésticas. Antes que el "sentado" está lo que de verdad usará: subir y bajar escaleras, caminar sobre suelo liso, entrar en el coche, dejarse poner el arnés y el abrigo, tolerar el ascensor. Quedarse solo. Muchos galgos vienen de vivir siempre en grupo y la soledad es una novedad absoluta. Se trabaja de forma progresiva, con ausencias muy cortas que se van alargando, y dejando un espacio cómodo y previsible. Saltárselo es la vía rápida a la ansiedad por separación. "Quieto" y llamada con correa larga. La llamada se entrena desde el primer día con una correa larga de diez o quince metros en una zona sin estímulos, y se refuerza siempre en positivo, nunca llamando para regañar. Aun así, no confíes en ella al cien por cien en campo abierto: la vista gana. Alimentación: recomendaciones clave Aquí hay que empezar deshaciendo el malentendido más común, ese que todo dueño de galgo escucha en el parque: la delgadez es el estándar de la raza, no desnutrición. Un galgo en su peso enseña la silueta de las últimas costillas y una cintura muy marcada. Si al mirarlo desde arriba parece un perro "normal", probablemente le sobren kilos. Y el sobrepeso le pasa factura más deprisa que a otras razas: articulaciones finas, tendones largos y una mecánica de carrera que castiga cada gramo de más. El caso del galgo rescatado es distinto y requiere cabeza. Un perro que llega muy por debajo de su peso no se recupera dándole el doble de ración: hay que subirlo despacio, con tomas pequeñas y repartidas a lo largo del día durante las primeras semanas, porque un aporte brusco de calorías en un animal desnutrido es peligroso en sí mismo. Es una de las primeras cosas que indica el veterinario de la protectora, y merece la pena respetarla al pie de la letra. En el día a día, el galgo adulto come dos veces al día, nunca una sola toma grande. Tiene el pecho profundo característico de las razas con riesgo de torsión gástrica, así que conviene comedero elevado, comer en calma y evitar el ejercicio intenso justo antes y hasta un rato después de la comida. Proteína de calidad para mantener masa muscular, control del peso y poco más: no es un perro exigente. Edad del perroCantidad de comidasCaracterísticas de la dietaCachorros (2-6 meses)3-4 vecesCrecimiento óseo controlado, sin excesos de energíaJuniors (6-12 meses)3 vecesDieta equilibrada, control de pesoAdultos (desde 1 año)2 vecesMantenimiento de masa muscular, comedero elevadoRescatados bajos de peso4-5 tomas pequeñasRecuperación lenta y supervisada las primeras semanasSeniors (desde 7-8 años)2 vecesDigestión fácil, calorías ajustadas, apoyo articular Salud y características genéticas El galgo español es, en conjunto, una raza sana y longeva. Nunca pasó por la selección extrema de belleza que ha cargado a otras razas de problemas estructurales, y su funcionalidad se mantuvo como criterio principal durante siglos. Dicho esto, tiene un puñado de particularidades que conviene conocer antes de que aparezcan: Sensibilidad a la anestesia: el punto más crítico. Con un porcentaje de grasa corporal muy bajo, los lebreles metabolizan de forma distinta los anestésicos, y una dosis calculada como para un perro estándar de ese mismo peso puede ser fatal. Antes de cualquier intervención, incluida una limpieza dental, hay que decir explícitamente que es un lebrel y confirmar que se usará un protocolo adaptado. Osteosarcoma: el tumor óseo es la neoplasia más asociada a los lebreles. Una cojera persistente sin causa clara, sobre todo en una extremidad anterior y en un perro maduro, merece radiografía y no "reposo y a ver". Lesiones de alta velocidad: corriendo alcanza los 60-65 km/h, y a esa velocidad las distensiones musculares, las roturas de ligamento, las lesiones de dedo y los cortes en almohadillas son la lesión típica de la raza. Piel muy fina: donde otro perro se llevaría un rasguño, un galgo se hace un desgarro que necesita puntos o grapas. Alambradas, zarzas y esquinas metálicas son enemigos reales, y por eso muchos galgos de campo llegan con cicatrices. Hipotermia: sin subpelo ni grasa aislante, se enfrían muy rápido, especialmente mojados o tras el ejercicio. La analítica del lebrel: por qué un galgo "sale mal" sin estar enfermo Este es probablemente el dato más útil que puede llevarse un dueño de galgo, y el que más disgustos evita. Los lebreles tienen valores de referencia propios, distintos de los del resto de perros. Un análisis perfectamente normal para un galgo puede aparecer marcado como alterado si se interpreta con los rangos genéricos del laboratorio, y a partir de ahí llega el riesgo real: diagnósticos equivocados y tratamientos innecesarios. ParámetroEn el lebrel, respecto a la media caninaConfusión frecuenteHematocrito y hematíesMás altosSe interpreta como deshidratación o policitemiaHemoglobinaMás altaSospecha innecesaria de dopaje o patologíaPlaquetasMás bajasSe lee como trombocitopeniaLeucocitosMás bajosSospecha de inmunosupresiónCreatininaMás alta (gran masa muscular)Se confunde con insuficiencia renalT4 totalMás bajaSe confunde con hipotiroidismo Las dos filas en negrita son las que causan problemas de verdad. Un galgo sano con la creatinina algo elevada puede acabar con una dieta renal de por vida que no necesita; un galgo sano con la T4 total baja puede acabar medicado con hormona tiroidea sin tener hipotiroidismo. La recomendación práctica es sencilla: dile siempre al veterinario que es un lebrel, pídele que interprete la analítica con rangos específicos de lebrel, y ante una creatinina alta aislada pide que se valore en conjunto con el resto de la función renal antes de tratar. Un profesional con experiencia en galgos lo tiene interiorizado; en España, además, no es difícil encontrarlo. Enfermedades mediterráneas: prevención en casa Vivimos en zona endémica, así que esto no es un capítulo para importadores: es nuestro propio calendario sanitario, y afecta igual al galgo de campo que al que sólo pisa la acera del barrio. Las cuatro grandes: Leishmaniosis: la transmite el flebotomo, un mosquito diminuto activo sobre todo desde la primavera hasta bien entrado el otoño y en las horas del anochecer y el amanecer. Prevención: repelente eficaz permanente durante toda la temporada —collar o pipeta con acción repelente—, evitar exposición al atardecer en zonas húmedas y control serológico anual. La vacunación se valora con el veterinario según la zona y el perfil del perro. Ehrlichiosis y babesiosis: transmitidas por garrapatas, que en buena parte del sur peninsular están activas prácticamente todo el año. Antiparasitario externo sin interrupciones y revisión manual tras cada salida al campo. Dirofilariosis (gusano del corazón): la transmiten mosquitos comunes y es especialmente relevante en zonas costeras, húmedas y de regadío. Se previene con pauta mensual durante la temporada de mosquito. Un galgo que ha vivido en el campo llega con más exposición acumulada, así que el chequeo inicial de un perro adoptado incluye habitualmente serologías de estas enfermedades. Pero conviene entenderlo bien: el que ya vive en casa no está libre. La prevención es anual, continua y para todos. Ventajas y desventajas de la raza Ventajas (+)Desventajas (-)Tranquilo y discreto en casa, ideal para pisoInstinto de persecución reflejo: riesgo con gatos y animales pequeñosLadra poco y apenas desprende olorEn ciudad y campo abierto, siempre con correaRaza rústica y longeva, sin excesos de selecciónNecesita material específico: martingale, abrigo y cama gruesaMantenimiento de pelo mínimoMuy sensible al frío y al calor extremoConvive muy bien con otros perrosRequiere protocolo veterinario adaptado a lebrelesSe adapta a una vida tranquila sin grandes exigenciasCarácter sensible: no tolera gritos ni métodos duros Datos interesantes sobre la raza La palabra lo explica todo: "lebrel" viene de "liebre" y "galgo" del latín Canis Gallicus. El nombre de la raza contiene a la vez su origen y su oficio. Literatura de primera línea: el galgo entra en el Quijote en la frase inaugural del libro, entre las tres posesiones que definen al hidalgo. Pocas razas tienen una carta de presentación así. Posturas imposibles: duermen boca arriba con las patas estiradas hacia el techo, en una postura que los dueños llaman roaching ("cucaracha"). Es señal de que el perro se siente completamente seguro. Donantes de sangre: por su hematocrito naturalmente alto y su tamaño, los lebreles son donantes muy apreciados en los bancos de sangre veterinarios. Sociales por diseño: criados y trabajados en grupo, se encuentran mucho mejor con otros perros —y sobre todo con otro galgo— que solos. Duermen amontonados, sin distancias. Dos suspensiones por zancada: en su galope hay dos momentos en los que ninguna pata toca el suelo. Es la misma mecánica del guepardo, aplicada a un perro. Preguntas frecuentes sobre la raza ¿Están protegidos los perros de caza por la Ley 7/2023?
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