Hay perros que se hacen famosos y perros que se hacen imprescindibles. El ca rater mallorquí —o perro ratero mallorquín— es de los segundos. Fuera de las islas se le confunde con un pinscher cruzado, pero durante generaciones fue la pieza que no podía faltar en una possessió: el bicho pequeño, seco y rapidísimo que bajaba al sótano y salía con la rata en la boca. Aquí va lo que sabemos de él con los papeles en la mano, y lo que no. Puedes seguir descubriendo razas en Tvaryny.
Un perro, tres nombres y ninguna confusión
Conviene aclararlo de entrada: ca rater mallorquí, ratonero mallorquín y ratoner de Mallorca son el mismo animal, una sola raza nombrada en tres registros. La documentación oficial del Estado usa las dos primeras juntas: «Ratonero Mallorquín (Ca Rater Mallorquí)».
Ca es perro en mallorquín y rater viene de rata: no hay épica en el bautismo, hay descripción del puesto de trabajo. Y esa literalidad explica todo lo demás, incluidos los problemas que da en un piso.
Donde sí hay que afinar es en otra confusión frecuente en la Península: el mallorquín no es el valenciano. El gos rater valencià es raza hermana, pero con otro estándar, otro tamaño y —lo importante— otra situación oficial.
El expediente: qué papeles tiene realmente
Circula la idea de que el ca rater «no está reconocido» y punto. Es falso: tiene documentos, lo que no tiene son documentos de la FCI. Por la vía autonómica, el estándar se publicó en el BOIB el 28 de diciembre de 2002 y por resolución del 21 de noviembre de 2002 se encomendó al club el llibre genealògic: desde entonces es CEPRAM quien inscribe camadas.
Por la vía estatal, el marco es el Real Decreto 558/2001, de 25 de mayo, que regula el reconocimiento de las asociaciones de criadores e incorpora en su anexo el listado de razas caninas españolas. El rater no estaba en la lista original: entró con la Orden APA/807/2004, de 24 de marzo (BOE de 30 de marzo de 2004).
Eso resuelve una discrepancia que arrastran muchas fichas, donde unas veces se lee 2003 y otras 2004. Ambas son ciertas: el Comité de Razas de Ganado de España admitió la propuesta el 22 de abril de 2003 y la Orden se firmó el 24 de marzo de 2004.
Y no entró solo: aquella Orden incorporó de golpe cinco razas caninas españolas —alano español, pastor garafiano, ratonero valenciano, ratonero mallorquín y ca mè mallorquí—. El mallorquín y el valenciano entraron en el anexo del Estado el mismo día y en el mismo papel. Guarda ese dato, porque va a explotar enseguida.
El expediente: qué papeles tiene realmente · 6
| Hito | Fecha | Qué significa exactamente |
|---|---|---|
| Fundación de CEPRAM | 1990 | Arranca el registro de animales y las valoraciones morfológicas |
| Encomienda del libro genealógico | 21 de noviembre de 2002 | El club pasa a llevar oficialmente el registro de la raza |
| Publicación del estándar | 28 de diciembre de 2002 (BOIB) | El prototipo queda fijado por la administración balear |
| Admisión por el Comité de Razas | 22 de abril de 2003 | Se acepta la propuesta de inclusión en el anexo estatal |
| Orden APA/807/2004 | 24 de marzo de 2004 (BOE 30/03/2004) | Entra en el anexo del RD 558/2001 como raza canina española |
| Reconocimiento por la FCI | No se ha producido | No existe número de estándar FCI para esta raza |
Subrayemos lo último, que es donde más se miente en internet: no existe ningún número de estándar FCI del ca rater mallorquí. Si una ficha le asigna uno, se lo ha inventado.
Por qué no está en la FCI: una decisión, no un olvido
El nudo no es un agravio institucional, sino una decisión tomada dentro de casa. El camino hacia la FCI pasa necesariamente por la Real Sociedad Canina de España (RSCE), socio español de la Federación Cinológica Internacional y única entidad que puede presentar una raza española. Y tiene un peaje concreto: el libro genealógico pasa al LOE de la RSCE, y el club deja de ser el registrador.
CEPRAM llevaba desde 1990 construyendo su propio registro y decidió no entregarlo. Es una postura que reconoce al instante cualquiera que haya vivido de cerca un club de raza autóctona: el miedo a que, abierto el libro a nivel estatal, entren ejemplares que en la isla no habrían pasado el filtro y a que el tipo de trabajo se diluya en tres generaciones de exposición.
La consecuencia es aritmética: sin RSCE no hay FCI. Hoy el rater aparece en la web de la RSCE no entre las razas españolas reconocidas, sino en el apartado de razas «en fase de recuperación», bajo el epígrafe de Baleares. Ojo con el matiz: eso no significa que la RSCE haya reconocido la raza, sino lo contrario —la tiene fichada, pero fuera de su sistema de registro—.
Y hay un detalle que lo redondea. La RSCE mantiene un Grupo 11 pensado justamente para razas españolas que la FCI no reconoce: majorero, euskal artzain txakurra, pastor garafiano, alano español, podenco andaluz, maneto. Existe una casilla nacional hecha a medida para perros en la situación del rater, y tampoco está en ella. No es que no hubiera puerta: es que el club no quiso cruzarla con la llave que le pedían.
Los tres rateros españoles: dos entraron y uno se quedó fuera

España tiene tres ratoneros con personalidad propia: el mallorquín, el valenciano y el andaluz. Hace apenas un lustro los tres estaban igual de fuera de la FCI. Hoy dos tienen número y el tercero sigue donde estaba.
El gos rater valencià lo consiguió primero: estándar FCI n.º 370, grupo 3 (terriers), sección 1, sin prueba de trabajo, con el texto vigente fechado el 21 de junio de 2022. Se le conocía también como rateret o fusterrier, y su especialidad histórica fue la rata de agua, el conejo y el topo.
El ratonero bodeguero andaluz llegó después: estándar FCI n.º 371, también grupo 3 sección 1, con prueba de trabajo opcional y estándar fechado el 3 de septiembre de 2024. Es bastante mayor y su origen está documentado: desciende de líneas de fox terrier de pelo liso traídas por las compañías vinateras británicas al Marco de Jerez. Su capa blanca con manchas no es capricho estético: en la penumbra de una bodega, un perro blanco se ve.
Ahora júntalo con lo anterior. Mallorquín y valenciano entraron juntos en el anexo estatal en 2004, con sus prototipos en el mismo BOE, uno detrás del otro. Dieciocho años después, uno tiene número FCI y el otro no. La diferencia no fue el perro: fue la decisión sobre el libro genealógico. Y el bodeguero, decimocuarta raza española reconocida por la FCI, demuestra que la puerta seguía abierta en 2024. No es una vía cerrada por la historia: es una vía cerrada desde dentro.
Característica · 8
| Característica | Ca rater mallorquí | Gos rater valencià | Ratonero bodeguero andaluz |
|---|---|---|---|
| Estándar FCI | No tiene | N.º 370 (2022) | N.º 371 (2024) |
| Grupo y sección | — | Grupo 3, sección 1 | Grupo 3, sección 1 |
| Prueba de trabajo | — | Sin prueba de trabajo | Opcional |
| Alzada de machos | 32–36 cm | 30–40 cm (ideal 36) | 37–43 cm (ideal 40) |
| Alzada de hembras | 29–33 cm | 29–38 cm (ideal 33) | 35–41 cm (ideal 38) |
| Peso orientativo | 3–5 kg | 4–8 kg | 8–12 kg |
| Capa dominante | Negro y fuego | Tricolor | Blanca con manchas |
| Quién lleva el libro | El club de raza | Vía RSCE / FCI | Vía RSCE / FCI |
Las cuatro razas de Mallorca y un patrón revelador
| Raza | Función tradicional | Situación en la FCI |
|---|---|---|
| Ca de bou (dogo mallorquín) | Presa, guarda, antiguo perro de ruedo | Estándar n.º 249, reconocimiento consolidado en 1963 |
| Ca de bestiar (pastor mallorquín) | Manejo y custodia del ganado | Estándar n.º 321, grupo 1 |
| Ca mè mallorquí | Muestra, caza con escopeta | No reconocido |
| Ca rater mallorquí | Control de roedores, conejo, alarma | No reconocido |
Mallorca ha producido cuatro razas caninas propias, y puestas en fila el patrón salta a la vista: se reconoció a los grandes y vistosos, y se quedaron fuera los dos funcionales. Un dogo con presencia y un pastor imponente venden estándar; un ratonero de cuatro kilos, no tanto. No es conspiración, es economía de la cinofilia: reconocer una raza cuesta expedientes, censos y un club dispuesto a pelearlo durante años. Y no hay que confundirlo con el ca eivissenc o podenco ibicenco, que sí está reconocido pero es de Ibiza y Formentera.
Cómo es por dentro y por fuera: el prototipo oficial

El prototipo se publicó en el BOE, así que aquí se lee el texto oficial. Lo describe como pequeño, rectilíneo, brevilíneo y ultraelipométrico: perfil recto, cuerpo compacto y muy poco peso, cuadrado en machos y algo más alargado en hembras. El temperamento que fija no maquilla nada: «muy vivo, cariñoso, muy nervioso y susceptible», y la utilidad declarada es triple: guarda de la casa, cazador de ratas y conejos, y animal de compañía. Fíjate en dos detalles de la tabla: los ojos ámbar oscuro y los saltos verticales a gran altura.
Cómo es por dentro y por fuera: el prototipo oficial · 11
| Carácter | Descripción del prototipo oficial |
|---|---|
| Alzada a la cruz | Machos 32–36 cm · Hembras 29–33 cm |
| Esperanza de vida | 12–15 años (dato de manejo, no recogido en el prototipo) |
| Peso | Machos 3,5–5 kg · Hembras 3–4 kg |
| Cabeza | Cráneo tan ancho como largo, cara estrecha y marcadamente puntiaguda |
| Depresión fronto-nasal | Muy marcada, en ángulo recto con los ejes cráneo-faciales |
| Ojos | Redondos, grandes, algo prominentes, de color ámbar oscuro |
| Orejas | Derechas, triangulares, de inserción alta y muy móviles |
| Mordida | En tijera, dientes fuertes y bien implantados |
| Piel y pelo | Piel muy fina y adherida; pelo corto y fino, sin pliegues ni papada |
| Pies | Muy finos, «de liebre» |
| Aptitud física | Saltos sobre su vertical a gran altura; muy rápido al trote y al galope |
Una advertencia sobre las medidas: varias fuentes divulgativas manejan cifras más amplias —«hasta 40 cm»— que no coinciden con el texto oficial. Ante la discrepancia, prioridad al prototipo publicado, que además marca como falta eliminatoria pasarse o quedarse tres centímetros de la talla.
La cola: nacer sin ella no es lo mismo que perderla
En el ca rater existe un braquiurismo natural: alrededor de uno de cada cinco cachorros nace sin cola o con un muñón rudimentario. Es genética, no cirugía, y el prototipo oficial lo recoge así.
El problema es que ese mismo texto describe también la costumbre de la época: cola «habitualmente cortada a ras del cuerpo o conservando una vértebra». Durante generaciones se amputaba a todos, y el rasgo natural quedaba camuflado.
Eso ya no es legal. España ratificó en 2017 el Convenio Europeo sobre protección de animales de compañía —BOE de 11 de octubre de 2017, en vigor aquí desde el 1 de febrero de 2018— y lo hizo sin reservas, retirando la excepción planteada para seguir amputando colas. El corte de cola y orejas no veterinario está prohibido, así que un rater actual con la cola corta debería serlo de nacimiento. Pregúntale al criador cuántos de la camada nacieron anuros: separa en dos segundos a quien lleva la raza en serio.
El color no es estética: es seguridad en el monte
La capa mayoritaria es el negro y fuego, con mucha variación en el tono del fuego, del encendido al canela apagado. Existe la mutación marrón y fuego y su equivalente en blanco y naranja. Y son frecuentes las manchas blancas, desde una corbata en el pecho hasta ejemplares casi totalmente blancos: los tricolores.
El dato que casi nadie cuenta: los cazadores han preferido tradicionalmente los tricolores y los muy manchados de blanco, y no por gusto. Un perro de cuatro kilos, negro y fuego, moviéndose rápido entre la maleza, tiene el mismo aspecto que un conejo. Uno blanco, no. La misma lógica que dio al bodeguero andaluz su capa clara en las bodegas jerezanas.
El oficio: rata, conejo y una técnica que se llama «buidar»

Todo lo que este perro es se explica desde el trabajo, y su trabajo no era acompañar al amo, sino entrar: bajo el entarimado, entre los sacos, por la grieta del muro de piedra seca. El tamaño diminuto no es capricho de criador: es la única medida que cabe por ahí.
Y ahí abajo está solo, a oscuras y contra un animal que no siempre huye: una rata acorralada se defiende y muerde. La selección no premió al perro obediente, premió al que decide por su cuenta y no se echa atrás. Cuando te desespera que ignore una orden en plena persecución, te peleas con generaciones de selección deliberada. Retén una idea: no es un perro de resistencia, es un perro de explosión.
El repertorio va más allá de la rata: conejo, liebre, erizo e incluso tordos. En el conejo la técnica tiene nombre propio en la isla, buidar, «vaciar»: el rater no corre la pieza a campo abierto, se mete en la mata o el ribazo y la expulsa hacia fuera para que otro perro o el cazador la resuelvan. Es la función inversa a la del ca eivissenc, que caza a la vista en descampado.
La pareja perfecta: rater y ca de bestiar
En la possessió tradicional el rater casi nunca trabajaba solo: formaba tándem con el ca de bestiar. El grande vigilaba y disuadía, el pequeño avisaba de cualquiera que se acercase. Uno era la cerradura; el otro, el timbre.
Esto reformula la queja más habitual sobre la raza. El ladrido del rater no es un fallo educativo: es la función para la que fue seleccionado. Se puede canalizar, acortar y enseñarle a callar a la orden; lo que no se puede es esperar que desaparezca. Si el ruido es un conflicto serio en tu edificio, tenlo muy en cuenta antes de decidir.
¿Cuántos quedan? Las cuentas no cuadran, y hay motivo
- Vas a encontrar cifras que no encajan entre sí. El propio club habla de más de mil ejemplares inscritos y de unos ciento cincuenta cachorros nuevos al año.
- Publicaciones especializadas han manejado cifras del orden de dos mil registrados, con la estimación de que la población real podría ser el doble contando perros de campo que nunca pasaron por papel alguno.
- El estudio genético trabajó sobre un registro de 363 animales.
No es que unos mientan y otros acierten: cada fuente cuenta cosas distintas —inscripciones acumuladas, población viva estimada, subconjunto genealógicamente utilizable—. Lo afirmable sin riesgo: el rater no está al borde de la desaparición, se cuenta por miles y no por decenas de miles, la mayoría vive en Mallorca y los nacimientos llevan más de una década a la baja. Cualquier ficha con una cifra exacta y redonda te vende una precisión que no existe.
El hueco administrativo: por qué no es «raza autóctona en peligro de extinción»
Nuestro país tiene un sistema de conservación de razas autóctonas del que estamos con razón orgullosos: el Catálogo Oficial de Razas de Ganado de España, recogido en el anexo I del Real Decreto 45/2019, con sus categorías de raza autóctona de fomento y en peligro de extinción, su sistema ARCA del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y sus ayudas a las razas amenazadas.
Pues bien: el perro no es ganado. Ese catálogo cubre bovino, ovino, caprino, porcino, equino, aves y conejos, pero no incluye a la especie canina. Los perros van por la vía del RD 558/2001, que reconoce asociaciones y regula libros genealógicos pero no establece categorías de amenaza ni ayudas de conservación. Por eso la oveja roja mallorquina o el cerdo negro mallorquín tienen expediente de raza en peligro, y el ca rater —que comparte isla e historia con ellos— no.
La consecuencia es incómoda: cuando los autores del estudio de 2022 piden un programa de conservación, no hay un vehículo administrativo evidente para ejecutarlo. Depende del club y de los criadores particulares, y de ahí que cada camada bien planificada pese mucho más de lo que parece.
El rater en la ley de caza balear, con nombre y apellidos
Ley 7/2023: el mismo perro, dos regímenes legales
Vivir con un rater en un piso: lo que nadie te cuenta

- El reflejo llega antes que la orden. Ante una paloma, una lagartija o un gato que arranca a correr, se dispara. No te desobedece: el arranque ocurre antes de que tu voz llegue a su cerebro. Se gestiona con entorno y correa, no con reprimendas.
- Ladra, y ladra por diseño. Se puede reducir, enseñarle un «basta» y trabajar la habituación a los ruidos del rellano. No se puede eliminar.
- Escarba, se cuela y salta. Un vallado «que parece suficiente» normalmente no lo es: busca huecos por oficio y salta muy por encima de lo que sugiere su tamaño. Terrazas, barandillas y vallas merecen revisión seria.
- Decide solo. Fue seleccionado para trabajar sin supervisión. Esa autonomía es maravillosa en una madriguera y agotadora en un parque urbano.
Nada de esto lo descalifica como perro urbano —se adapta mejor que muchas razas de su tamaño—, pero exige un dueño que sepa con qué trata. Es un culo de mal asiento: si no le das trabajo, se lo inventa, y su versión suele implicar ruido y destrozos.
Niños, gatos y jaulas: el manual realista
Con niños funciona bien si el niño sabe tratar a un perro. Le encanta jugar, pero no tolera el manoseo brusco ni que lo agarren. Con menores de cinco o seis años, supervisión constante y una regla clara: el perro tiene derecho a un sitio donde nadie lo moleste.
Con gatos hay tres escenarios. Cachorro criado junto a gatito: suele funcionar. Adulto que llega a casa con un gato seguro de sí mismo: negociable, con presentaciones lentas. Gato que huye: ahí se enciende el reflejo, y ningún adiestramiento apaga del todo un patrón seleccionado durante siglos.
Con roedores y aves pequeñas no hay matices: hámsteres, cobayas, chinchillas, conejos enanos o periquitos son literalmente su presa profesional. No es problema de educación, sino de ingeniería doméstica: puertas cerradas y jaulas inaccesibles. Quien confía en que «se acostumbrarán» acaba con un disgusto muy evitable.
Riesgos específicos del oficio: zoonosis y raticidas
Cazar roedores tiene riesgos sanitarios propios, y esta sección no aparece en casi ninguna ficha de la raza.
Leptospirosis. La más relevante. La rata gris y los micromamíferos de campo son reservorio, y el contagio no requiere contacto directo: basta el agua estancada o el suelo contaminados con su orina. Vacunación consultada con el veterinario y evitar que beba de charcas y acequias.
Parásitos internos. Comerse las presas es vía clásica de entrada de helmintos: un rater que trabaja necesita desparasitación más frecuente que un perro de sofá. Garrapatas y otros vectores: meterse en zarzas y ribazos es su método de trabajo, así que antiparasitario externo continuado, revisión manual tras cada salida y atención a las enfermedades transmitidas por vectores.
Y el riesgo que más vidas se lleva por desconocimiento: la intoxicación secundaria por rodenticidas anticoagulantes. Si el perro se come una rata envenenada, se lleva la dosis con ella. Lo traicionero es que los síntomas pueden tardar varios días en aparecer —decaimiento, encías pálidas, sangrados, hematomas sin golpe— cuando ya nadie relaciona el cuadro con aquella rata del martes. Si hay o puede haber cebos donde caza, díselo al veterinario antes de que haya síntomas: existe tratamiento, pero el tiempo cuenta muchísimo.
Buscar cachorro fuera de Baleares
Toca ser franco: la raza vive fundamentalmente en Mallorca, y quien la quiera desde la Península ha de asumir que el cachorro vendrá casi con seguridad de la isla, y que la documentación no será un pedigrí de la RSCE, sino la inscripción en el libro genealógico del club. No es un papel de segunda —es el registro encomendado en 2002—, pero no sirve para el LOE ni para exposiciones FCI.
El punto de partida natural es CEPRAM, que organiza valoraciones de reproductores dos veces al año, en primavera y otoño, y cuya cita grande es la concentración monográfica de Montuïri, celebrada desde 1990. Ir a una monográfica antes de decidir es el mejor consejo posible: en una mañana ves muchos ejemplares juntos y te haces una idea real del carácter. Fuera de España hay núcleos de aficionados en Alemania y Francia.
- Preguntas que un criador serio agradece. ¿Están los padres inscritos en el libro genealógico del club y han pasado valoración morfológica?
- ¿Trabajan los padres o son ya solo perros de compañía? El carácter cambia bastante.
- ¿Cuántos cachorros nacieron sin cola en esta camada y en las anteriores?
- ¿Con qué se ha socializado la camada: gatos, niños, ruidos de ciudad?
- ¿Qué parentesco hay entre los progenitores? Con una base de fundadores estrecha, importa de verdad.
Datos interesantes sobre la raza
- Su prototipo racial completo está publicado en el BOE, faltas eliminatorias incluidas.
- Entró en el anexo estatal el mismo día que el ratonero valenciano. Dos décadas después, uno tiene número FCI y el otro no.
- Una ley autonómica en vigor lo menciona por su nombre —«eivissenc, mè i rater»— como raza de caza balear a conservar.
- Alrededor de uno de cada cinco cachorros nace sin cola: es genética, no cirugía.
- El estudio de 2022 descartó el parentesco con los terriers pese al asombroso parecido: convergencia de libro.
- Los cazadores prefieren los tricolores por un motivo práctico: en la maleza, un perro oscuro de cuatro kilos parece un conejo.
- Salta sobre su propia vertical a gran altura, detalle que el prototipo destaca. Tu encimera no está tan segura como crees.
Entonces, ¿es el perro para ti?
Sí, si quieres un perro pequeño que no sea de adorno, te divierte tener cerca una cabeza rápida, puedes dedicarle estimulación mental a diario, no te agobia un perro que avisa y te apetece sostener una raza que hoy depende por completo de sus criadores.
No, si buscas un perro tranquilo de sofá, convives con hámsteres, conejos o pájaros sueltos, el ruido es un conflicto grave en tu edificio, o esperas conseguirlo mañana en la Península con papeles internacionales.
El ca rater mallorquí ejemplifica algo que en la cinofilia española se repite mucho: una raza que funciona magníficamente y sigue casi invisible fuera de su comarca. Pequeño pero matón, listo, incansable y con una historia administrativa que explica media España.

